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Leyendas del Lavado: Canastas, Ciclos y Carcajadas

  • Foto del escritor: Melani
    Melani
  • hace 3 horas
  • 1 Min. de lectura
A cat sleeping on a white banket
Hacer la colada no es solo un quehacer — es una comedia esperando suceder.

Acto 1: El Jefe de la Canasta


Una persona sostiene la canasta de ropa como si fuera un trofeo. El diseño a rayas grita: “Soy elegante incluso lleno de calcetines.” Cada paso es dramático, cada camiseta dentro un actor secundario.


Acto 2: El Susurrador de la Máquina


Mientras tanto, la otra se arrodilla frente a la lavadora como si fuera un altar sagrado. La ropa se ofrece una por una, como si el ciclo de centrifugado fuera un ritual. La secadora encima observa en silencio, esperando su turno.


Acto 3: El Cameo de la Cocina


El refrigerador de acero inoxidable se asoma celoso del protagonismo. Los gabinetes blancos murmuran: “Nosotros también estamos limpios, no nos olviden.” Incluso el piso de madera participa, reflejando el caos como un escenario brillante.


Acto 4: La Comedia de la Coordinación


Uno dice: “¡No la sobrecargues!” El otro responde: “Está bien, confía en mí.” Los calcetines desaparecen misteriosamente, las camisetas se enredan como giros de trama, y el cuarto de lavado se convierte en campo de batalla de detergente y paciencia.


Acto 5: El Final del Ciclo


Finalmente, la máquina zumba, la canasta se vacía y el dúo se retira victorioso. La ropa gira como aplausos, celebrando el trabajo en equipo, la persistencia y el eterno misterio de los calcetines perdidos.


Moraleja


La colada no es solo ropa limpia — es convertir las tareas cotidianas en comedia. Ya seas el jefe de la canasta o el susurrador de la máquina, la verdadera victoria está en reírse durante el ciclo de lavado.


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