“Limpiar el dormitorio principal: Donde el romance se encuentra con los calcetines rebeldes”
- Melani

- 6 nov 2025
- 2 Min. de lectura

El dormitorio principal debería ser tu santuario. Un refugio de paz. Un rincón acogedor. Pero de alguna manera, se ha convertido en una mezcla caótica de montañas de ropa, envoltorios de snacks y esa silla que funciona más como perchero que como asiento. ¿Limpiarlo? Es un viaje de autodescubrimiento… y pelusa.
Escena 1: El safari de calcetines
Empiezas por el suelo. Encuentras un calcetín debajo de la cama, otro detrás del tocador y un tercero que ni siquiera es tuyo. Consideras abrir un refugio para calcetines perdidos.
“No pierdo calcetines. Ellos se van de aventura.”
Escena 2: El abismo bajo la cama
Te atreves a mirar debajo de la cama. Encuentras un libro que pensabas leer en 2021, una botella de agua con contenido sospechoso y suficientes pelusas como para abrir un zoológico.
“Debajo de mi cama hay una cápsula del tiempo… y posiblemente un nuevo ecosistema.”
Escena 3: El bucle de la ropa
Doblas la ropa. Te sientes realizado. Te das vuelta. Hay otra pila. Parpadeas. Se multiplicó. Aceptas que la ropa sucia es un estilo de vida, no una tarea.
“No hago la colada. Solo la muevo de una superficie a otra.”
Escena 4: El espejo de la ilusión
Limpias el espejo. Refleja tu cara, tu esfuerzo y el hecho de que llevas tres días en pijama. Asientes con aprobación. Te lo mereces.
“Mi espejo no miente. Pero ojalá lo hiciera.”
Escena 5: El toque final
Acomodas las almohadas. Enciendes una vela llamada “Brisa Serena”. Te alejas y admiras tu trabajo. Luego tu pareja entra y lanza sus calcetines al suelo. Gritas por dentro.
“Limpié el dormitorio. Durante cinco gloriosos minutos, fue perfecto.”
REFLEXIÓN FINAL:
Limpiar el dormitorio principal es parte búsqueda del tesoro, parte montaña rusa emocional y parte cardio. Pero cada barrida, doblada y esponjeo te acerca al oasis de paz que mereces—hasta el próximo día de lavandería.




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