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“Los Diarios del Plumero”

  • Foto del escritor: Melani
    Melani
  • 6 abr
  • 1 Min. de lectura
Mujer con suéter colorido desempolva mueble de madera en habitación iluminada. Lámparas redondas reflejadas en espejo superior.
Limpiar no es solo quitar el polvo: también es descubrir la comedia escondida en cada movimiento.

Acto 1: El Duelo con el Gabinete


Armado con un plumero blanco y esponjoso, el limpiador se acerca al gabinete como un caballero enfrentando a un dragón. El espejo refleja determinación, pero también la pregunta silenciosa: “¿Por qué el polvo regresa más rápido que mi motivación?”


Acto 2: El Arma Esponjosa


El plumero no es solo una herramienta, es una varita mágica. Con cada sacudida, las partículas desaparecen y el limpiador se imagina lanzando hechizos: “¡Fuera, migajas del caos!” El gabinete, antes apagado, ahora brilla como si audicionara para un comercial de muebles.


Acto 3: La Batalla del Polvo Eterno


Justo cuando la victoria parece cercana, la luz del sol traiciona la verdad: diminutas motas siguen bailando en el aire. El limpiador suspira, comprendiendo que el polvo es un villano inmortal: derrotado hoy, de vuelta mañana.


Final: Triunfo con Estilo


El gabinete reluce, el plumero descansa y el limpiador posa como un héroe victorioso. Limpiar puede ser interminable, pero al menos viene acompañado de dramatismo y un toque de comedia.




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